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Las raíces del estado de fallido venezolano

Junio de 2017      Lectura Sugerida          Imågenes          Mapas & Gråficos


Las raíces del estado fallido venezolano

escrito por JOHN POLGA-HECIMOVICH 

traducido por Gisel Valladares y John Polga-Hecimovich

Un manifestante contra Maduro en 2014 con las palabras "Libertad" escritas en sus manos.

Mensaje del editor:

Abundancias y escaseces. Este ciclo económico ha ocurrido repetidamente en lugares dependientes de un solo recurso natural, como en Venezuela y su petróleo. En este mes, el politólogo John Polga-Hecimovich investiga la historia detrás de una de las crisis económicas mas dramáticas del siglo XXI al examinar como una adicción al petróleo ha resultado en malas decisiones políticas por décadas.

(Leer en inglés)

(Leer en chino)


Durante los años setenta, Venezuela tenía la tasa de crecimiento más alta y la menor desigualdad de Latinoamérica. Gracias a una bonanza petrolera, el gobierno pudo gastar más dinero (en términos absolutos) entre 1974 a 1979 que en toda su historia independiente. De hecho, durante este tiempo, Venezuela gozaba del PIB per cápita más alto de la región.

El consumo de whisky escocés fue el más alto del mundo, la clase media manejaba Cadillacs y Buicks y la clase alta famosamente se lanzaba de compras a Miami donde eran conocidos como los del “dame dos.” En términos políticos, el país era una de sólo tres democracias en Latinoamérica en 1977, junto con Costa Rica y Colombia.

Vista aérea de la Plaza Venezuela en Caracas, Venezuela en 2010.

Como cambian las cosas. Hoy en día, Venezuela está atascada en una de las crisis políticas, económicas y humanitarias más profundas del mundo.

La economía se contrajo un estimado 18,8 por ciento en el 2016, y se espera una reducción de entre 4,3 y 6 por ciento en el 2017. La tasa de inflación de 2016 se estimó entre el 290 por ciento y un 800 por ciento, y en diciembre del 2016 el país se convirtió en el séptimo país latinoamericano en experimentar hiperinflación. A pesar de los mejores esfuerzos del gobierno para seguir pagando su deuda externa, un incumplimiento paralizante parece probable en el 2017.

Los costos humanos de la crisis han sido graves, con escasez de alimentos y medicinasun abrumador aumento en la mortalidad infantil y uno de los índices más altos de delitos violentos en el mundo.

Tasas de inflación venezolanas de 1980 a 2015.

Las masivas filas para comprar productos básicos como el papel higiénico, la leche, el aceite, la mantequilla y la harina de maíz (para las ubicuas arepas) son tan comunes que han dado lugar a profesionales a quienes se les paga por esperar en la cola por otros. Igual de comunes son las aplicaciones digitales (apps) que ayudan a los ciudadanos a encontrar bienes escasos, y las historias de mujeres dando a luz y asesinatos vistos por plácidos observadores mientras ocupan sus puestos en la fila.

El año pasado, tres cuartas partes de los venezolanos perdieron alrededor de 8 kg de peso corporal en la llamada “dieta de Maduro,” haciendo una mordaz referencia al actual presidente del país, Nicolás Maduro.

 Manifestantes protestan frente a una cola para comprar productos básicos en 2015.

La salud pública está igual de mal. Los hospitales han quedado sin antibióticos importados, suministros quirúrgicos y repuestos para los equipos médicos, y en sólo el 2016, la mortalidad infantil aumentó un 30 por ciento, la mortalidad materna un 65 por ciento y la malaria un 76 por ciento. La difteria, casi erradicada, ha vuelto a aparecer.

Según algunas estimaciones, unos 2,5 millones de personas han emigrado desde 1999 y actualmente Venezuela lidera las solicitudes de asilo en los Estados Unidos. Aparte de estos desarrollos devastadores, el país ha dejado de ser un régimen híbrido—un tipo de sistema político que combina los rasgos democráticos con los autocráticos— para convertirse en un autoritarismo puro. El gobierno aplazó las elecciones regionales y suspendió un referéndum revocatorio presidencial en contra del presidente Maduro en octubre de 2016.

Desde entonces, Maduro ha intentado disolver la Asamblea Nacional, una acción que provocó el oprobio internacional, masivas manifestaciones nacionales y la condena de miembros de su propio partido. Algunos analistas temen que el país está al borde de una guerra civil.

El papel higiénico es uno de los productos båsicos que ha escaceado en los ültimos años (izquierad). La tasa de homicidios en Venezuela de 1998 a 2016 segün tres agencias diferentes (derecha).

¿Cuáles son las raíces de esta extraordinaria caída económica y democrática?

Para comenzar, Venezuela sufre de la “maldición de los recursos”, donde en vez de ayudar a desarrollar el país, la amplia riqueza mineral previene el desarrollo económico y social constructivo. Y aunque la democracia de la Cuarta República (1958-1998) fue duradera, su calidad no era alta: el sistema de partidos era restrictivo y poco representativo de muchos sectores sociales, y finalmente sufrió una crisis de legitimidad.

Insatisfechos con la situación económica y un establecimiento político desacreditado, los votantes optaron por las promesas del populista Hugo Chávez en 1998.

Chávez logró cambiar radicalmente la política y la economía del país sin resolver ninguno de los problemas políticos o económicos subyacentes.

El presidente Hugo Chávez Saluda a los partidarios de su elección como presidente en 1998 (izquierda). Presidente Nicolás Maduro, el sucesor elegido a mano de Chávez, con el escudo presidencial en 2015 (derecha).

En contraste, su gasto pródigo, su actitud ambivalente hacia la democracia liberal y la asombrosa mala gestión económica dirigida tanto por él como por el casquivano Maduro han dirigido al país a la terrible condición en que se encuentran actualmente.

I. La dependencia del petróleo y la maldición de los recursos naturales 

El diplomático venezolano Juan Pérez Alfonzo, socio fundador de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), predijo que la dependencia venezolana del petróleo la dejaría en el desamparo. En medio del auge petrolero de los años setenta, profetizó ante la politóloga Terry Lynn Karl que, “Dentro de diez años, dentro de veinte años, ya verán; el petróleo nos llevará a la ruina… es el excremento del diablo.”

La declaración resultó profética..

A diferencia de algunos de sus vecinos que durante mucho tiempo dependieron de la exportación de un solo bien, pero que desde entonces se han diversificado, Venezuela es un estado rentista totalmente dependiente de la extracción y exportación del petróleo y sus derivados. El sector petrolero es la mayor fuente de divisas del país, el mayor contribuyente al sector fiscal y la principal actividad económica. De hecho, en 2016, los ingresos de las exportaciones del petróleo representaron más del 50 por ciento del PIB del país y aproximadamente el 96 por ciento de las exportaciones totales.

Gráfico que muestra el petróleo como porcentaje de las ganancias de exportación en Venezuela de 1998 a 2013.

Este nivel de dependencia provoca una “paradoja de la abundancia,” o una “maldición de los recursos,” en la cual un país con grandes dotaciones de recursos naturales no logra desarrollarse. Esto ocurre porque el control de un recurso codiciado conduce a una dependencia fiscal desproporcionada de las rentas generadas por este recurso que resulta a su vez en un elevado gasto público al costo del desarrollo institucional.

También suele aumentar la corrupción, ya que un número limitado de personas se dedica a generar la riqueza del país mientras que el gobierno desempeña un papel central en distribuirla. En lugares con instituciones representativas débiles, los auges petroleros crean la ilusión de prosperidad y desarrollo y pueden desestabilizar los regímenes al reforzar los intereses petroleros y debilitar la capacidad estatal. Todo esto se ha confirmado en Venezuela, donde la dependencia al petróleo ha contribuido a por lo menos tres problemas recurrentes: un sector productivo nacional débil; la inflación y la dependencia de las importaciones; y la corrupción excesiva en el sector público. En primer lugar, es difícil que los Estados dependientes inviertan las rentas petroleras para desarrollar un sector productivo nacional fuerte.

Los ingresos abundantes que resultan de las extracciones de recursos naturales desalientan la inversión a largo plazo en la infraestructura que apoyaría una diversificación económica. Éste es un desafío que los líderes venezolanos han reconocido desde hace tiempo. En su conocido artículo de opinión de 1936, el escritor e intelectual Arturo Uslar Pietri instó a sus compatriotas a “sembrar el petróleo,” utilizando las rentas petroleras para aumentar la capacidad estatal, modernizar y educar.

El intelectual venezolano Arturo Uslar Pietri instó a sus conciudadanos a usar los beneficios del petróleo para desarrollar el país y su gente (izquierda). Un gráfico de la producción de Venezuela (línea gris), el consumo (línea negra) y exportación (línea verde) de petróleo del 1965 al 2015 (a la derecha).

Los líderes no han sido capaces de poner en práctica sus consejos. Al contrario, los mini-auges en los precios del petróleo consistentemente invierten el crecimiento del sector no petrolero, que ve un crecimiento promedio del 3,3 por ciento en los años previos al auge y que se convierte en un -2,8 por ciento en los años posteriores.

El resultado es una dependencia continua de los ingresos petroleros al costo de otras industrias y una alta concentración del riesgo en un producto volátil. Como se muestra en el gráfico, la dependencia del petróleo ha crecido desde 1998, ya que el porcentaje de ganancias derivadas del petróleo se incrementaron de debajo del 70 por ciento a más de 95 por ciento en 2012 y a un 96 por ciento en 2016.

Segundo, en épocas de bonanza, las rentas petroleras también pueden causar una dependencia creciente de las importaciones extranjeras al costo de la rama de producción industrial nacional.

Esto se debe al hecho de que los nuevos descubrimientos o el rápido aumento de los precios del petróleo conducen a una fuerte entrada de divisas. Un aumento en las reservas de divisas por su parte causa una apreciación del valor de la moneda, lo que perjudica la competitividad de los demás productos en el mercado de exportaciones y aumenta la dependencia de las importaciones extranjeras, que son más baratas. Cuando el dinero del petróleo fluye, las importaciones aumentan.

Sin embargo, cuando los precios del crudo bajan y los petrodólares caen, como ahora, se le hace más difícil al gobierno importar bienes, tal cual como demuestra la escasez de los años ochenta y de nuevo desde 2012. Profundizando el problema, el gobierno venezolano actual ha priorizado el pago de sus obligaciones de deuda soberana en lugar de importar más bienes.

Petróleos de Venezuela, SA, la empresa petrolera estatal.

Una tercera consecuencia de la maldición de los recursos es la corrupción endémica. Los países que dependen profundamente de rentas externas, como las exportaciones de recursos naturales, pueden embarcarse en grandes programas de gasto público sin tener que desarrollar un sistema fiscal para cobrar impuestos a sus poblaciones. Como resultado, los ciudadanos tienen incentivos reducidos para ejercer una rendición de cuentas del gobierno.

Además, cuando los agentes públicos tienen un monopolio sobre el poder y discreción sobre la distribución de derechos valiosos, los incentivos de la corrupción aumentan. Esto ha sido el caso en Venezuela, que ha sufrido corrupción del sector público desde por lo menos la democratización en 1958. Cuando los precios del petróleo se dispararon a finales de los años 2000, la rendición de cuentas horizontal del poder ejecutivo y la supervisión de la empresa petrolera estatal, Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA) disminuyeron. Hoy en día, la corrupción ha alcanzado niveles sin precedentes.

Índice de Percepción de la Corrupción en Venezuela con intervalo de confianza de 95% (1995-2016).

Esto se refleja en la evolución del Índice de Percepción de la Corrupción de Venezuela publicado por Transparencia Internacional. Desde la primera encuesta en 1995, el país se ubicó consistentemente en el 10 por ciento más alto de los países más corruptos del mundo. Sin embargo, esta débil probidad ha caído más desde mediados de los años 2000, reflejando una disminución en la confianza de cualquier medida de rectitud gubernamental bajo Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

II. Militares, democratización y partidocracia 

Factores políticos como la tradición de gobiernos militares, la democratización tardía y la representación democrática débil también han contribuido considerablemente a la crisis actual.

Simón Bolívar, El Libertador (izquierda). Un desfile de 2014 para conmemorar un año de la muerte de Hugo Chávez (derecha).

Al Libertador Simón Bolívar le atribuyen la frase, “Ecuador es un convento, Colombia una universidad y Venezuela un cuartel militar.” En efecto, las fuerzas armadas venezolanas han sido actores importantes en la política nacional y en la construcción del Estado. Hasta la dictadura de Julián Castro en 1858, todos los líderes post-independencia fueron ex oficiales militares que representaban a los partidos liberales y conservadores.

La alternancia entre militares activos y jubilados en el poder terminó definitivamente con la Revolución Liberal Restauradora de 1899. Desde ese momento hasta 1945, una sucesión de oficiales militares gobernó el país bajo dictadura: Cipriano Castro (1899-1908); Juan Vicente Gómez (1908-1935); Eleazar López Contreras (1935-1941); e Isaías Medina Angarita (1941-1945).

El presidente Cipriano Castro gobernó a Venezuela desde 1899 hasta 1908 después de tomar el poder con su ejército personal (izquierda). El presidente Juan Vicente Gómez tomó el poder de su predecesor y gobernó desde 1908 hasta que murió en 1935 (segundo desde la izquierda). El Presidente Eleazar López Contreras sirvió como Ministro de Guerra durante la administración de Gómez antes de gobernar a Venezuela de 1935 a 1941 (tercero desde la izquierda). el presidente Isaías Medina Angarita también sirvió como Ministro de Guerra antes de gobernar a Venezuela de 1941 hasta 1945 (derecha).

El país hizo un intento fallido hacia la democracia electoral durante el trienio adeco (1945-1948), pero fue rápidamente seguido por la dictadura represiva de Marcos Pérez Jiménez. En la ausencia de conflicto interestatal, las fuerzas armadas se consideraban a sí mismas como la institución clave para fomentar el desarrollo interno y la modernización.

La participación militar en la política significó que la democracia llegó tarde. La democracia duradera no comenzó sino hasta 1958, cuando representantes de los tres principales partidos políticos del momento––el socialdemócrata Acción Democrática (AD), el socialcristiano COPEI y Unión Republicana Democrática (URD)––firmaron un acuerdo formal conocido como el Pacto de Punto Fijo.

Presidente Rómulo Betancourt, el “Padre de la democracia venezolana,” votando en 1946 (izquierda). Presidente Marcos Pérez Jiménez, que gobernó como dictador militar de 1952 a 1958, recibiendo un elogio del embajador estadounidense Fletcher Warren en 1954 (derecha).

El acuerdo buscó forjar y preservar la democracia a través del respeto de las elecciones, compartir el poder en el gabinete ministerial y la burocracia y un programa básico de gobierno acordado. Aunque el acuerdo permitió que la democracia venezolana sobreviviera la tumultuosa década de 1960 y una amenaza guerrillera izquierdista, así como los intentos desestabilizadores por el dictador derechista dominicano Rafael Leónidas Trujillo, también ayudó a vincular el sistema político venezolano a la competencia exclusiva entre dos partidos, AD y COPEI (la URD perdió poder a principio de los años sesenta).

Este dominio bipartidista creó lo que el politólogo Michael Coppedge—adaptando la jerga criolla—llamó la “partidocracia”: un gobierno del pueblo, por los partidos, para los partidos. AD y COPEI emplearon un tipo de “control político patológico” sobre la vida política, económica y social que garantizaba la estabilidad al costo de la representación.

Los partidos contaban con un sistema de concertación, en el que confiaban entre ellos o con los intereses empresariales o militares para forjar el consenso sobre políticas claves. También utilizaron el clientelismo para cooptar organizaciones de la sociedad civil y limitar canales de representación, tales como los grupos de interés, los medios de comunicación y los tribunales.

De izquierda a derecha, Rafael Caldera, Jóvito Villalba y Rómulo Betancourt durante la firma del Pacto de Punto Fijo en 1958 (izquierda). El logotipo del Partido Socialdem crata, Acción Democråtica (AD) (imagen superior). Mimbros del Partido Socialcristiano, COPEI, marchando por un candidato a la alcaldîa alrededor de 2010 con su distintivo color verde (inferior).

La falta de renovación en el liderazgo partidario, la osificación de la estructura del partido y la inclusión limitada de varios grupos de la política socavaron al sistema, y cuando una caída en el precio del petróleo eliminó los recursos para la clientela en los años ochenta, disminuyó el apoyo a los partidos y al sistema democrático de la Cuarta República.

Visto a través del prisma de la dependencia del petróleo y la rigidez democrática, los logros de Venezuela en los años sesenta y setenta son menos impresionantes. Aunque el PIB per cápita, el gasto social y la calidad de vida aumentaron, y el país evitó los colapsos democráticos como los de Chile, Uruguay, Argentina y otros, estos logros fueron fundamentalmente insostenibles.

Estas debilidades políticas y económicas fundamentales también crearon las condiciones adecuadas para las crisis de los años ochenta y noventa que allanaron el camino para la atracción del populismo y la participación explicita de las fuerzas armadas en la política en los años 2000.

III. Crisis económica y el colapso de la partidocracia

Los precios del petróleo colapsaron a principios de los años ochenta. Una alta deuda pública, el agotamiento de los préstamos internacionales y una moneda sobrevaluada causaron una fuga masiva de capitales en 1982 y a principios de 1983.

El 18 de febrero de 1983, mejor conocido como el “viernes negro” en Venezuela, el gobierno estableció controles monetarios­––algo que Chávez haría veinte años después––para detener esta fuga y frenar la inflación. El poder adquisitivo disminuyó en casi un 75 por ciento de la noche a la mañana.

Los precios mundiales del crudo por barril de petróleo variaron considerablemente de 1970 al 2015.

La partidocracia también comenzó a deteriorarse.

Golpeado por el bajo precio del petróleo y un aumento en las tasas de interés de la deuda externa, el gobierno venezolano peleó para financiarse. El presidente Carlos Andrés Pérez trató de reparar la economía usando el “paquetazo”—un paquete de reformas económicas neoliberales—en febrero de 1989, pero esto sólo empeoró la situación económica de la clase popular y la clase trabajadora, provocando una ola de protestas, motines y saqueos el 27 de febrero que resultó en la muerte de cientos de civiles.

La policía patrullando después de los disturbios, conocidos como “el Caracazo,” en febrero y principios de marzo de 1989.

Consecuentemente, el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), un grupo radical izquierdista dirigido por el teniente coronel Hugo Chávez Frías, aceleró su planificación para un golpe de Estado. Este intento en febrero de 1992 fracasó–– al igual que un segundo intento realizado por la Fuerza Aérea en noviembre del mismo año––pero marcó el comienzo del fin de la democracia puntofijista.

Una profunda crisis institucional empezó a desencadenarse en los años noventa con el juicio político de Pérez en 1993 y una crisis financiera y económica durante la administración de Rafael Caldera (1994-1999) que coincidió con los precios internacionales más bajos del crudo en décadas.