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Las raíces del estado de fallido venezolano

IV. Chavismo: la erosión de la democracia liberal y la economía populista

Las condiciones fueron aptas para el surgimiento de un outsider político. El individuo que capitalizó el descontento de los votantes fue el carismático y extravagante Chávez, que había alcanzado un perfil nacional después de su fallido golpe de 1992.

Chávez hizo campaña con una ideología de “Bolivarianismo”, una re conceptualización del Estado que se basaba en la soberanía económica y política, la autosuficiencia, el socialismo democrático y la democracia participativa. Chávez prometió romper con los sistemas políticos y económicos injustos del país. Entre otras cosas, se comprometió a establecer una Asamblea Constituyente para re escribir la constitución venezolana y consagrar el bolivarianismo como ley.

Carteles de campaña para la re-elección de Hugo Chávez en 2012 (a la izquierda). Presidente Hugo Chávez con su distintiva boina roja y con su traje del tricolor patria en 2013 (a la derecha).

Chávez también sostenía que como outsider político, él podía acabar con la corrupción del sector público. Más importante aún, prometió erradicar la pobreza, ampliar los servicios estatales a las clases populares e incorporar a estos grupos excluidos en el proceso político. Su táctica electoral funcionó, ya que derrotó al conservador Henrique Sala Römer con el 56,2 por ciento de los votos, y comenzó el primero de sus cuatro mandatos.

Equipado con una mayoría legislativa (y en ocasiones con una mayoría absoluta), Chávez fue una figura polarizante, que adoptaba una interpretación plebiscitaria y mayoritaria de la democracia que ignoraba en gran medida los puntos de vista y los valores de la oposición política.

En sus discursos incendiarios denigraba a sus oponentes políticos como “escuálidos”, “oligarcas rancios” y “lacayos del imperialismo”, entre otros insultos. Los miembros de la burguesía no revolucionaria eran los “pitiyanquis” y el político opositor Henrique Capriles un “cerdo de mala vida.” Famosamente, llamó al presidente estadounidense George W. Bush el diablo en un discurso en la ONU en el 2006.

La guerra con sus enemigos fue más allá de las palabras. En 2004, un legislador de la Asamblea Nacional, Luis Tascón, publicó la infame “Lista Tascón”—una enumeración de los millones de venezolanos que solicitaron el referéndum revocatorio contra Chávez en el 2003 y 2004, llevando al gobierno a discriminar contra los signatarios.

Políticamente, el presidente avanzó lentamente para acumular el poder y eliminar los controles sobre su proyecto socialista: manipuló la composición de los tribunales a su favor, llenó el alto mando militar de oficiales lealessistemáticamente desmanteló los medios de comunicación independientes y a raíz de la huelga general de 2002-2003 que tuvo como objetivo su salida del poder, reemplazó a sus oponentes dentro de PDVSA con partidarios. Apoyado por una situación económica favorable, una alta aprobación de su base y una oposición fragmentada, el presidente fue re electo en el 2000, 2006 y 2012.

El Producto Interno Bruto de Venezuela aumentó de 1990 al 2011, especialmente durante la presidencia de Hugo Chávez (a la izquierda). Amado por muchos, un vendedor ambulante en Venezuela vende figuras de acción del Presidente Hugo Chávez y sombreros de color rojo en 2006 (a la derecha).

Pero Chávez no era un demócrata tanto por convicción como por comodidad. Sólo recurrió a las elecciones como ruta hacia el poder después de su golpe fallido en 1992, y raramente toleraba las voces disidentes que caracterizan el pluralismo democrático.

En el momento de su muerte en 2013, Venezuela no era una democracia liberal ni una dictadura, sino un régimen híbrido en el que el campo político estaba decididamente inclinado a favor del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

La democracia también fue debilitada por una oposición política torpe y a menudo dividida. Quizás la acción más miope y perjudicial fue un fracasado golpe militar contra Chávez en abril del 2002 que le proporcionó al gobierno y a sus seguidores una oportunidad para cuestionar los valores democráticos de la coalición política opositora. A la vez, esta acción le permitió a Chávez re estructurar las fuerzas armadas y moldearlas en una manera más ideológica y fiel al régimen.

La huelga general del 2002 y 2003 contra el gobierno también justificó el retiro de unos 18.000 empleados de PDVSA, mientras que los boicots y las manifestaciones posteriores sirvieron con frecuencia para fortalecer el régimen. En 2005, los cinco principales partidos de oposición se retiraron de las elecciones legislativas en medio de una disputa sobre el proceso de votación, ofreciéndole a Chávez el lujo de una mayoría absoluta parlamentaria y carta blanca legislativa por cinco años.

El Presidente Hugo Chávez en una reunión del Partido Socialista Unido de Venezuela en 2008 (a la izquierda). Una reunión en 2007 para celebrar el quinto aniversario de la vuelta al poder de presidente Hugo Chávez después del intento de golpe de Estado (a la derecha).

Económicamente, el gobierno fue ayudado por un aumento en el precio del petróleo, que pasó de 10 dólares por barril en 1999 a más de 140 dólares en 2008. Con un flujo alto de divisas, Chávez pudo llevar a cabo su ambiciosa agenda política nacional e internacional. El gasto social fue dirigido hacía las clases populares, especialmente a través de las “misiones sociales” que llevaron servicios estatales como atención médica, educación y alimentos subsidiados a barrios y regiones históricamente ignorados.

En la cima del auge petrolero del 2006 al 2011, la calidad de vida de los venezolanos mejoró, teniendo la tercera tasa más alta según el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas. De 1999 al 2009, la pobreza disminuyó, el desempleo cayó de 14,5 por ciento a 7,6 por ciento, el PIB per cápita creció de $4.105 a $10.810 y la mortalidad infantil disminuyó de 20 fallecidos por cada 1.000 nacidos vivos en 1999 a 13 por cada 1.000 en 2011.

Sin embargo, estos mejoramientos fueron en gran medida efímeros. Así como con el gobierno de Pérez de los años setenta, la mejora económica bajo Chávez ocultó debilidades estructurales y un profundo déficit democrático.

Una clase de alfabetización que forma parte de una de las misiones sociales del gobierno, en 2004 (a la izquierda). El porcentaje de venezolanos en extrema pobreza disminuyó desde el 2003 (a la derecha).

En vez de aumentar las reservas de divisas estatales o crear un fondo soberano, como una cartera diversificada de inversiones para reducir la concentración de riesgo en el petróleo, Chávez siguió gastando libremente e incluso envió petróleo al extranjero con tarifas preferenciales para cultivar aliados regionales.

El presidente también llevó a cabo tres costosas decisiones políticas: 1) la expropiación de empresas privadas, 2) el establecimiento de controles de cambio de divisas y 3) la implementación de controles de precios en varios productos básicos. Con la caída del precio de petróleo desde 2011, el resultado combinado de estas tres decisiones económicas ha sido devastador.

El primero de ellos fue la expropiación o nacionalización de numerosas empresas privadas, especialmente después de la re elección de Chávez en 2006. Estas empresas pertenecían a diversos sectores: petróleo, agricultura, finanzas, industria pesada, acero, telecomunicaciones, energía eléctrica, transporte y turismo. Aunque el gobierno expropió sólo 15 empresas privadas entre 2002 y 2006, se apoderó de unas asombrosas 1.147 empresas entre 2007 y 2012.

El presidente Hugo Chávez se hizo amigo de Fidel Castro en la década de los noventa (a la izquierda). Los presidentes de Ecuador, Bolivia, Argentina, Brazil, Paraguay y Venezuela firmando un acuerdo en 2007 para establecer el Banco del Sur (a la derecha).

Los efectos han sido desastrosos.

Las expropiaciones no sólo cerraron sectores productivos y los remplazaron con empresas estatales ineficientes, sino que también ayudaron a desincentivar a los inversionistas. Las incautaciones estatales de empresas privadas han dañado el sector productivo, obligando a que Venezuela duplique sus importaciones.

Una segunda política problemática persistente es el control de divisas extranjeras. En un intento de forzar un voto para retirar a Chávez de la presidencia, la oposición política organizó una huelga general masiva desde diciembre del 2002 a febrero del 2003, causando un paro petrolero en PDVSA que redujo la producción a un tercio de sus niveles anteriores.

Para lidiar con la pérdida de ingresos, Chávez fijó la tasa de cambio entre el bolívar y el dólar estadounidense y dotó al gobierno de la autoridad para aprobar o rechazar cualquier compra o venta de dólares. Aunque éste fue un remedio a corto plazo para impedir la fuga de capitales, la medida también se convirtió en una bomba de tiempo. Con un declive en el abastecimiento de dólares bajo el control gubernamental después de la caída de los precios del petróleo, la demanda de la moneda en el mercado negro se disparó—impulsando el llamado raspao y otras formas de arbitraje (arbitrage).

En lugar de levantar los controles de divisas y normalizar la tasa de cambio, el gobierno actual de Maduro sigue imprimiendo dinero, aumentando aún más la inflación de facto. La gráfica de abajo demuestra esto: mientras la inflación disminuyó después de 2003, se incrementó en 2009 y ha seguido subiendo vertiginosamente desde entonces.

Inflación en Venezuela de 1960 al 2015.

Además, con los controles de divisas vigentes, las empresas privadas ya no pueden importar las materias primas que necesitan. Empresas multinacionales como Bridgestone, Clorox, General Mills y otras se han retirado del país debido a la dificultad de comprar e importar materias primas.

A principios de 2016, hasta Coca-Cola interrumpió brevemente la producción en dos de sus plantas embotelladoras debido a una escasez de azúcar. Mientras tanto, la cervecería más grande del país, Cervecería Polar, no pudo producir cerveza porque no había recibido divisas para importar cebada malteada.

Una tercera política económica dañina ha sido las estrictas restricciones gubernamentales sobre los precios a los que se pueden vender una variedad de alimentos y bienes. Los controles de precios de los productos clave han sido constantes en Venezuela desde la Segunda Guerra Mundial para hacer más asequibles las necesidades básicas para los pobres pero nunca fueron tan profundas ni tan amplios como durante el chavismo.

Los gobiernos de Chávez y Maduro han establecido precios tan bajos que ya no son rentables para las empresas ni los productores, resultando en la escasez. Por consiguiente, los agricultores cosechan menos, los fabricantes reducen su producción y los minoristas almacenan menos inventario. Las expropiaciones gubernamentales profundizan el problema, ya que algunos de los recortes fueron en industrias como la lechera, la azucarera y la cafetalera donde el gobierno se ha apoderado de empresas privadas y está intentando dirigirlas.

Estantes vacíos en tiendas, 2013 (a la izquierda). Una fila de consumidores con la esperanza de comprar algunos de los pocos bienes disponibles afuera de un supermercado en 2014 (a la derecha).

En resumen, cuando los precios del petróleo eran altos, Chávez tomó decisiones político- económicas que proporcionaron dividendos a corto plazo pero costos extremos a largo plazo. Desde que los precios del petróleo bajaron, estas decisiones han sido catastróficas.

V. Nicolás Maduro: De mal en peor

Tras la muerte de Chávez en 2013, su sucesor elegido, Maduro, derrotó a Henrique Capriles de la coalición de oposición Mesa de la Unidad Democrática (MUD) en las elecciones de abril de 2013. El menos carismático y políticamente ágil Maduro ha enfrentado la caída de los precios del petróleo y su baja popularidad pública redoblando las políticas de Chávez, vinculando su supervivencia política a los altos mandos militares y suprimiendo la disidencia, creando un régimen cada vez más autoritario y menos híbrido.

El presidente Nicolás Maduro cortejó los votantes en 2013 usando la popularidad del fallecido presidente Hugo Chávez (parte superior). El president Maduro en 2016, conmemorando el aniversario de la muerte de Chávez (en la parte inferior).

Primero, los militares se han convertido en un actor cada vez más influyente dentro del régimen madurista, convirtiéndose en una rama de hecho del chavismo. Tras su nombramiento como jefe de distribución nacional de alimentos en julio de 2016 y coordinador de la administración pública nacional, el ministro de Defensa, General Vladimir Padrino López, se ha convertido en uno de los líderes más influyentes del país. Chávez politizó la organización a partir de una serie de purgas y nuevos patrones de reasignación regular desde el fracasado golpe de estado de 2002. También nombró a altos funcionarios militares cercanos posiciones gubernamentales.

Otros oficiales han sido acusados de complicidad en el narcotráfico y la corrupción. Maduro reconoce el enorme poder que ejercen las fuerzas armadas, así como su interés en mantener el estatus quo. Por lo tanto, los ha nombrado a cargos ministeriales, los ha protegido de acusaciones extrajeras y se ha rodeado de oficiales superiores.

A pesar de los efectos perjudiciales de los controles de precios y de divisas, de las expropiaciones y del control sobre la distribución de alimentos, el gobierno no está dispuesto a desviarse de su rumbo. La respuesta de Maduro ha sido más de lo mismo.

Los asesores económicos de Maduro han presionado por más controles estatales sobre la fabricación y el suministro de alimentos en lugar de adoptar estrategias macroeconómicas ortodoxas como el aflojamiento de los controles de precios, el desarme de los complejos controles de cambio o la reducción del dinero en circulación para reducir la inflación.

El crecimiento del PIB de Venezuela expresado como porcentaje desde 1960 a 2015.

Adicionalmente, los oficiales que disfrutan del acceso preferencial a dólares y, por lo tanto, se benefician del sistema de divisas, tienen pocas razones para levantar los controles de precios. Igual, sería anatema para el chavismo considerar la privatización de industrias previamente expropiadas y nacionalizadas. Todas estas señales son preocupantes para una economía que se ha contraído en el 2015 y 2016.

El futuro inmediato es grave.

La industria petrolera está en malas condiciones, ya que el precio del crudo pesado venezolano se ha vendido entre 45 y 55 dólares por barril en 2017. Sin embargo, la producción sigue bajando, ya que los equipos rotos––otra consecuencia de la crisis––permanecen inactivos y los pozos existentes bombean por debajo de su capacidad. A menos que los precios del petróleo aumenten significativamente o el gobierno encuentre nuevas líneas de crédito, Venezuela se está acercando a un incumplimiento de su deuda de $10 mil millones.

Políticamente, Maduro ha endurecido su control al involucrarse intensamente en la represión de los ciudadanos y al bloquear o alterar las vías legales de la disidencia y el politicaje. Ha encarcelado a críticos o adversarios como presos políticosha purgado el estado de servidores públicos que favorecían el referéndum revocatorio de 2016 y ha militarizado una gran parte de su aparato de seguridad pública. Después de la muerte de Chávez, había una docena de presos políticos. Hoy en día hay más de 117 en el país según la ONG Foro Penal Venezolano.

Cientos de miles de venezolanos han tomado a las calles para protestar contra el gobierno y exigir elecciones. Los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad del Estado has resultado en las muertes de más de 50 personas en los cincuenta días de protestas.

Una protesta contra la detención de manifestantes, sobre todo Leopoldo López, un político opositor importante arrestado en 2014 (a la izquierda). Un niño pidendo la libertad de su madre, una presa politica (a la derecha). Un cartel con quejas de venezolanos (a bajo).

Desde que el gobierno aplazó las elecciones regionales y suspendió el referéndum revocatorio presidencial en octubre del 2016, se puede clasificar el país como autoritario. Además, hasta el momento el diálogo político no ha producido ninguna resolución significativa ni compromiso gubernamental.

Al contrario, el 29 de marzo el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela (TSJ) anunció que iba a asumir las funciones parlamentarias de la Asamblea Nacional mientras el órgano electo permaneciera en desacato, esencialmente disolviendo la Asamblea antes de que la presión internacional y negociaciones de trastienda causaran una reversión.

Para la oposición, este movimiento parece haber sido la gota que derramó el vaso.

Cientos de miles de venezolanos han tomado a las calles para protestar contra el gobierno y exigir elecciones. Los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad del Estado has resultado en las muertes de más de 50 personas en los cincuenta días de protestas.

Una manifestante tratando de obstruir a la policía durante “la madre de todas las marchas” en abril 2017.

Los líderes políticos latinoamericanoslos jugadores de béisbol de las grandes ligas e incluso el renombrado conductor venezolano Gustavo Dudamel, hasta ahora criticado por su silencio respecto a los asuntos políticos, han condenado públicamente la represión gubernamental.

Pero el gobierno se mantiene intransigente.

Después de “la madre de todas las marchas” del 19 de abril, en la cual los manifestantes anti-gubernamentales lastimados por gases lacrimógenos y perdigones fueron empujados al río Guaire, infestado de las aguas negras de Caracas, Maduro retuiteó una foto refiriéndose a ellos como excremento humano. El 2 de mayo, provocó una crisis mayor al convocar a una nueva Constitución Política elaborada por una Asamblea Constituyente no representativa y no democrática. A medida que las condiciones continúan deteriorándose, el país está cada vez más cerca del punto de quiebre.

Calificaciones de libertad en Venezuela de 1998 al 2013.

VI. Lecciones para el futuro

La desgracia de Venezuela ofrece varias lecciones.

Políticamente, la situación sugiere que las elecciones libres y justas son condiciones necesarias pero no suficientes para la democracia, y que la democracia requiere una participación ciudadana efectiva y continua, representación política e igualdad política.

Del mismo modo, Venezuela también muestra la facilidad con que los estados pueden moverse entre dictadura, democracia y regímenes híbridos. países con una democratización no tan enraizada o una representación limitada como Venezuela corren un mayor riesgo de experimentar recaídas democráticas que los países donde los votantes poseen alta eficacia política y se sienten representados.

Una protesta masiva contra el presidente Hugo Chávez en 2004.

Económicamente, esta experiencia ofrece un caso de estudio paradigmático de los peligros de la dependencia de los recursos, especialmente en el contexto de las instituciones subdesarrolladas. El petróleo facilitó el crecimiento de la economía venezolana, pero generó una dependencia que ha socavado su desarrollo.

La riqueza del país, como la de tantos lugares igual de dependientes que Venezuela, fue en mucho respectos, poco más que un espejismo. Esto sugiere que un aumento en los precios del petróleo en la coyuntura actual sería un paliativo pero no una cura, ya que los mismos problemas estructurales seguirían afectando la economía. Los países que dependen de los recursos necesitan encontrar una forma de salir del círculo vicioso de la maldición de recursos para construir una economía productiva.

Por último, la crisis venezolana muestra los efectos reales e inmediatos de la política dogmática sobre las economías y sociedades. Hay varios estados petroleros débilmente democratizados, pero ninguno ha experimentado el tipo de implosión de Venezuela.

Hugo Chávez, Nicolás Maduro y el PSUV implementaron, y siguen implementando decisiones políticas y económicas imprudentes. Así como la profunda crisis actual de Venezuela pudo haber sido evitada, también se puede evitar en otros lugares del mundo.


Las opiniones expresadas en este informe son únicamente las del autor y no representan las opiniones de la Academia Naval de los Estados Unidos, el Departamento de la Marina, el Departamento de Defensa, ni del gobierno estadounidense. 


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Lectura Sugerida

Alarcón, Benigno, Ángel E. Álvarez, and Manuel Hidalgo. 2016. "Can Democracy Win in Venezuela?" Journal of Democracy 27 (2):20-34.

Corrales, Javier, and Michael Penfold-Becerra. 2011. Dragon in the Tropics: Hugo Chávez and the Political Economy of Revolution in Venezuela. Washington, D.C.: Brookings Institution Press.

Ellner, Steve. 2008. Rethinking Venezuelan Politics: Class, Conflict, and the Chavez Phenomenon. Boulder: Lynne Rienner.

Ellner, Steve, and Miguel Tinker Salas. 2007. Venezuela: Hugo Chavez and the Decline of an "Exceptional Democracy". Lanham, MD: Rowman & Littlefield Publishers, Inc.

Hausmann, Ricardo, and Francisco Rodríguez, eds. 2014. Venezuela Before Chávez: Anatomy of an Economic Collapse. University Park: The Pennsylvania State University Press.

Hawkins, Kirk A. 2010. Venezuela's Chavismo and Populism in Comparative Perspective. Cambridge: Cambridge University Press.

McCoy, Jennifer L., and David J. Myers, eds. 2004. The Unraveling of Representative Democracy in Venezuela. Baltimore: The Johns Hopkins University Press.

Trinkunas, Harold A. 2005. Crafting civilian control of the military in Venezuela: a comparative perspective. Chapel Hill: University of North Carolina Press.

Velasco, Alejandro. 2015. Barrio Rising: Urban Popular Politics and the Making of Modern Venezuela. Berkely: University of California Press.